
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi EspÃritu, dice Jehová de los ejércitos.
ZacarÃas 4:6
El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va: asà sucede con todo aquel que nace del EspÃritu.
Juan 3:8
El viento
El recorrido del viento es misterioso. Podemos oÃrlo, sobre todo cuando pasa entre las hojas de los árboles. Podemos ver el movimiento de los objetos que mueve o agita, pero el viento en sà es invisible. La trayectoria precisa de una ráfaga sigue siendo un enigma.
Dirigiéndose a un lÃder judÃo llamado Nicodemo, Jesús utiliza la naturaleza para ilustrar una verdad fundamental, comparando el viento con el EspÃritu de Dios. Al igual que el viento que sopla, el EspÃritu actúa en la tierra de maneras que a menudo nos resultan misteriosas. Nadie puede controlarlo; actúa según la voluntad de Dios, donde y como Él quiere. Su obra es dar a conocer a Jesucristo a todos los que lo buscan. Es el EspÃritu quien produce el nuevo nacimiento del que habla Jesús en este pasaje: «Es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:7). Con este fin, obra en los corazones y las conciencias de los seres humanos.
Como el viento, la obra del EspÃritu de Dios en los corazones es invisible. Pero podemos ver sus consecuencias en una vida transformada: cuando alguien nace de nuevo por la acción del EspÃritu, ¡su vida cambia! Ahora bien, este EspÃritu, que los llevó a aceptar el sacrificio de Jesús en la cruz y a conocerlo como su Salvador, mora en ellos. Les capacita para demostrar concretamente lo que la Biblia llama «el fruto del EspÃritu» (Gálatas 5:22): amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad…
Todos necesitamos nacer de nuevo, por medio del EspÃritu de Dios, mediante su Palabra. ¿Has experimentado este nuevo nacimiento? ¡Lee la Biblia!
La buena semilla
Jueves, 12 de marzo de 2026
